DE MÉXICO PARA EL INFINITO Y MÁS ALLÁ

¡¡¡ HOLA MUNDO !!!

domingo, 16 de octubre de 2016

De esas pequeñas cosas

Abran bien sus ojos y sus sentidos, esta es una historia que me lastima, que constriñe el corazón, que magulla las entrañas, que me desgarra por dentro. 

No busco consuelo, porque bien sé que lo que se busca o no se busca a pulso, termina por derrumbarnos y borrar esa meta, esa idea, ese sueño que por años albergamos.

Como les pedí anteriormente, el lamento más fuerte me ahoga, y no es que quiera que ustedes también lo sientan, solo que esta es la única forma de externarle al mundo “hasta donde he llegado.

Corría el año de 1976, cuando una hermosa criatura asomó sus ojos al mundo; entre sus lágrimas y entre las risas de sus familiares (desde ahí, qué amolados estamos) lanzó su “ñaaaaaaaa ñaaaaa ñaaaa”, ese “ñaaaa” que ahora se agolpa en este corazón roto y sin cura.

Los años transcurrieron, y esa pequeña creció para convertirse en una bella mujer (espectacularmente bella, sencillita, carismática y por Dios, que guapa).

Entre estudios y trabajos (los detalles políticos de las necesidades que vivió para poder salir adelante los dejaremos a un lado, ya que esa es otra historia) fue desarrollándose al punto que un día dijo. 
“Cuando sea grande y profesionista generaré empleos si  no monto un negocio propio, sí con lo que logre ahorrar producto de mi trabajo”.

Pero la realidad es fuerte y te abofetea la cara dos veces de ida y vuelta, y al cabo de cierto tiempo se dio cuenta que perdió ahorros, que no es para nada digna de poder aval de nadie por el bendito buró (esto grábenlo en su mente, no por que no quiera (), no soy para nada buen aval así que ni se les ocurra porque nos persiguen a ambos); por lo que aquel sueño de generar empleos teniendo a quien le cocinara, limpiara, lavara, hiciera mandados etc. se fue por el reverendo caño.

Por Dios que me gustan las películas cursimente románticas y quizás ver Sex and the City a temprano hora, me hizo recordar los mejores y peores escenarios de mi vida; posteriormente saber que tenía mínimo 2 docenas de ropa que lavar, me plantó los pies en la tierra y alejar las ensoñaciones del bendito tiempo que se pasa demasiado rápido los domingos.

Respirando profundamente bajé los 14 escalones que me llevarían al peor escenario del mundo cuando no se tiene ganas de hacer nada, pero que sabes que, de no hacerlo, te arriesgas a andar sin calzones, apestosa y de plano, hecha una piltrafa.

Con ganchos de ropa en una mano, en la otra el “tambiachi” de ropa y el trapeador (porque para ahorrar otra subida me puse a bajar la basura de arriba de una vez, práctica que ustedes no estén para saberlo ni yo para contarlo, ya me ha costado dos caída auch), uno a uno descendí esos escaloncito de este paraíso mío.

Llegué al lavadero, puse a llevar la lavadora, sus 5 tapas de jabón y eché la ropa sucia, en eso también me puse a lavar el trapeador para limpiar el interior de mi refugio.

Todo iba bien, en lo que la lavadora trabajó y terminó sus 4 ciclos (el de lavado con jabón, enjuague, suavitel del rosa que se los recomiendo huele delicioso y el secado) mi casa olía a coco y estuvo más resplandeciente que nunca.

Pues bien, cuando para la lavadora también ya tenía limpio el patio de los deshechos de mis perrijas Lula y Siri, las cuales ocupan una lavada y peinada pero que hacen popo de lujo gracias a pedigrie razas pequeñas); pues comencé a sacar la ropa y a colgarla, una en ganchos y unas con broches.

Y precisamente fue ahí, ahí, ahí en ese preciso momento cuando tomé lo que creí un broche de madera completo (son los mejores porque como que aprietan más y así la ropa no se cae) que mi mundo se desmoronó.

Fue ahí cuando todo lo que Sex and the City marca como la vida perfecta de una profesional, romántica, emprendedora, sexy y dispuesta siempre a salir y divertirse con sus amigas, me golpeo no 4 sino 8 veces los cachetes y me llevó al peor escenario de la vida…… 28 broches de madera incompletos, la imposibilidad de tender toda la ropa como debe ser.

Resignada, sumisa y con dos lágrimas remi asomándose de estos ojos hermosos cafés que Dios, mis padres y su genérica me dieron, uno a uno fui armando aquellos trozos de madera reblandecida por el sol, por la humedad y por varios años de uso.

Oh triste realidad de la vida… ni empleos generados, ni descanso terminado y con las uñas (que a penas tengo) rotas.

La vida es dura, muy dura, pero algo bueno saco de esto: 
-No tengo porque comprar broches nuevos, yo los arreglé
-No he generado empleos pero por Dios que las enseñanzas de mi madre están más que aprendidas.
_No terminé un descanso reparador de domingo por el trabajo de hogar, pero mi casa huele rico, mi ropa está limpiecita y ahora mis piernas están sueltas a la comodidad.
-Mi capacidad de hacer más de cosas al mismo tiempo es fantástica.
-Sex and the City, sí es una película estúpidamente romántica, y aunque es una verdadera mentira, la neta siempre me gustará, aunque saque lo peor de mi. 
Abran bien los ojos y sentidos, aquí no hay consuelo que valga, y de conmiseraciones ya estuvo bueno, así que a alivianar la carga y bendito aquel que tiene ayuda, que tiene broches y hoy descansó de todo.
La evidencia del broche está inserta en esta publicación.
Gracias

1 comentario:

Stinfalus Avechuchus dijo...

Como fastidia hacer trabajos domésticos en domingo, yo quisiera no hacer nada pero tengo que lavar el patio, acomodar toda la casa y todas esas cosas que se hacen los domingos.

Saludos!